jueves, marzo 18, 2010

Lo mío son las salidas prolongadas

*A veces las respuestas solo generan más preguntas. Pero ello tiene un verdadero significado.

Resultó ser una pregunta chistosa: “¿Por qué ves a todas solo como amigas?”. Solo alguien que me conoce demasiado bien se hubiera percatado de que emití una ligera sonrisa, de esas cuyo significado es siempre el mismo: bueno fuera.

Bueno fuera que, efectivamente, solo un vínculo de amistad me uniera con la mayoría de chicas que llevo a mi casa, madre. Es solo que preferirías no conocer la verdad de las circunstancias. Pero como a mí me encanta hacer escrutinio público sobre distintos aspectos de mi vida privada, entonces aquí vamos.

LA PRIMERA RESPUESTA IMPLICA MÁS PREGUNTAS
La verdad, madre, es que tu hijo, sin querer (pero queriendo), se convierte en la persona más complicada del mundo en un momento. En el primer momento. Soy al revés. Creo que la mayoría de personas vive el inicio de una relación llena de emoción y felicidad. No es que yo no lo viva así, pero le agrego un ingrediente realmente tormentoso: la duda, algo que en la mayoría de gente se instala tiempo después de ya haber formalizado.

Duda. ¿Será ella? ¿Es realmente para mí? ¿Tenemos en verdad muchas cosas en común? No me gusta esto de ella. No sé. La veo muy.. muy.. no sé. ¿Y si entonces me aburro? ¿Me atreveré a decirle “ya fue” de manera tan pronta o tendré que esperar un tiempo, solo por inercia, para que no le duela tanto? ¿Seré tan canalla de hacer algo como eso? ¿Estaría mejor solo?

¡Qué terrible! Creo (aún no lo puedo asegurar del todo) que esa es la razón por la que nunca estoy con alguien tan rápido. Lo mío es la salida prolongada. Meses. Lo maquillaré con un “me gusta primero salir”, pero sería más justo decir “prefiero salir un tiempo primero para estar realmente seguro de que de ahí no te voy a cagar”. Porque realmente es una cagada que te hagan eso. Y si lo digo, es porque antes siempre terminaba haciéndolo.

LA SEGUNDA ES PATÉTICA
Pero tu pregunta aún no está del todo respondida, madre. No es toda mi culpa. Me cuesta estar seguro. A veces pueden ser varios meses, otras apenas uno. No lo sé. Pero lo cierto es que llega el momento en el que me doy cuenta de que lo que quiero hace rato que es evidente. Es entonces que me decido. Lástima para mí, algunas veces esa decisión termina siendo unilateral.

Allí tu pregunta vuelve a retumbar mis oídos, pero esta vez con un comentario como perfecto añadido: “No la hagas perder su tiempo”. Es en ese preciso momento en el que más me quedo sin palabras.

Cómo decirte, madre, que en ese punto es todo menos “solo” mi amiga. Seré directo: me la estoy chapando de la manera más desvergonzada posible, mamá. Y varias veces a solo metros de ti. Y en algunas ocasiones más que solo besos.

Y es que tu pregunta ¬(que más sonó a afirmación) ya está doblemente respondida: no es que no quiera estar con nadie, eso solo que primero salgo; y claro que también me enamoro y quiero estar con alguien, pero de pronto se pasó el tren, o los vagones se desprendieron de repente.

LO COMPLICADO SE HACE MÁS INTERESANTE Y ATRACTIVO
Por eso en mi familia me conocen como un “picaflor” y dicen que “no hay nada que hacer, a este le gusta su libertad”. Como odio escuchar esas palabras y esas frases.

Y sí, debo ser yo. No le echaré la culpa a nadie. Hace poco una buena amiga me dijo: “Para ti 4 no es 2+2. Es 2+1+1, 3+1, 1+1+1+1, 5-1…”. Y pudo haber seguido. Le di la razón. Y es que aunque trato siempre de ocultarlo, soy de los que piensan demasiado las cosas y trata de unir cabos, de encontrarle sentido a cada detalle, de buscarle razón hasta a la sinrazón.

¿Quién la llamó que se fue por otro lado? Dijo tal cosa, entonces significa que estuvo con esa otra persona. Y antes había dicho eso otro, entonces debió ser aquella noche en que brilló por su ausencia. ¿Será que es lo que parece o solo serán mis demonios?

Allí empieza a flaquear el acto posmodernista del que muchos nos jactamos: la relación sin títulos. Verás, no tienes ningún derecho a reclamar. Ni siquiera a cuestionar. Te das cuenta de que no pendía de un hilo. No pendía de nada. Y se esfuma como desaparece un fantasma que se apareció de improviso, te robó el aliento, cambió para siempre tu manera de ver las cosas, detuvo tu corazón y se fue para siempre.

Y aunque digas que tienes miedo de volver a ver a ese espectro, sabes que en el fondo te mueres de ganas de ver nuevamente esa imagen. Porque sabes que no te volverás a cruzar con nada ni nadie como ella. Y porque sabes (así lo quieres creer) que jamás volverás a sentir nada como lo que sentiste aquella vez.

4 comentarios:

Pai dijo...

Yo tambien suelo hacer escrutinio público de mi vida...Eso de las dudas no solo t pasa a vos...
Un beso

Natalia dijo...

Mostro lo de las salidas prolongadas, pero no prolonguemos eternamente la siguiente posteada! Han pasado más de dos meses, ya viene siendo hora. Gracias.

Anónimo dijo...

Ya ves q no soy solo yo quien se cuestiona tanto por los sucesos y los personajes... Tengo tus mismos rollos aveces -hasta la madre comenta cosas similares- solo q los expreso face tu face con la persona a quien le compete (...ese momento...esta vez tú)

Anónimo dijo...

Por lo que leo eres un pendejo. Te refugias en la idea de que te han herido, etc. Pero no te das cuenta de que eres un pendejo, que no buscas nada serio, que juega con los demás.